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jueves, mayo 24, 2007

Dos luces para dos clowns

Dos ejemplos de lo que un payaso puede hacer con un foco.


El primer clown es el norteamericano Emmett Kelly, del que ya hablamos en la entrada sobre el hobbo o payaso vagabundo





El otro es Oleg Popov, payaso de origen ruso, que hace también su propia versión del tema:



Cada uno puede tener su preferidos, pero cabe recordar que en el mundo del payaso nada se destruye, todo se transforma...

viernes, abril 27, 2007

Breve recuerdo para la Sampere

Buscando por internet me he encontrado esta imagen de la gran Mary Sampere maquillada de Augusto.
Actriz de cabaret, de teatro, de revista y cine, no sé yo si se le recuerda mucho por su faceta de clown de circo, y eso que fue la encargada de despedir la carrera de la famosa equilibrista Pinito del Oro, y que, al menos que yo recuerde, solía comentar en sus entrevistas lo mucho que le gustaba hacer de payaso "de payaso tonto" matizaba, " que en el fondo es el más listo de todos".
Esta mujer lo mismo cantaba "La violetera" para que la oyeran Tip y Coll, que se ponía a recitar el papel de Doña Inés o decía muy orgullosa que era la madre de las Mamá Chicho.
Un recuerdo pues para ella, que no necesitaba llevar el maquillaje de payaso puesto, porque siempre lo llevaba por dentro.

jueves, abril 12, 2007

El baile del Gordo y el Flaco

Escena de una de las mejores películas de Laurel y Hardy, y, además, la preferida de la pareja, En el Oeste (Way Out West, 1937).

Puede ser que el Gordo y el Flaco, como personajes, fueran dos tontos, como muchas veces los definió el productor Hal Roach o ellos mismos, pero la caracterización nunca fue tan simple. En esta escena, por ejemplo, se convierten en algo más, son los pequeños duendes, geniecillos infantiles e imposibles, que disfrutan del arte (en este caso la música de los cow-boys) y lo exteriorizan de una forma que no nos está permitida al resto de los mortales, superando cualquier sentido del ridículo, simplemente por la única razón de que les apetece, Laurel y Hardy nos regalan la sensación de que están por encima de recatos y complejos, haciéndonos complices pasivos de su propio placer inocente.

¡Qué bueno sería bailar en un pueblo del far-west, aunque se note que es una tela con una película de fondo!

viernes, marzo 30, 2007

Más publicidad (Absolut Harpo)

Cuando toco la bocina por Vodka, Espero Smirnoff.
Publicidad del Vodka Smirnoff, de los años sesenta, imagino; al final de su carrera Harpo tuvo mucho éxito como actor para anuncios, también apareció en muchos especiales de televisión como invitado, entre otras cosas, son muy famosos sus anuncios televisivos de cerveza para la empresa Labbatt, hechos siguiendo su peculiar estilo visual y surrealista.
Absolut Harpo!
Honk, Honk!

lunes, marzo 26, 2007

La familía Pompoff Thedy

La familía Pompoff Thedy son primos de nuestros payasos de la tele, los Fofó, Gabi y Miliki de toda la vida...
Esta es una grabación de una actuación en el Hollywood Palace, el programa del presentador y comentarista artístico Edd Sullivan, el mismo programa que llevó por primera vez a los Beatles a América y en el que aparecieron juntos nuestra niña cantante Marisol y ¡Harpo Marx!

No he podido descubrir mucho de los Pompoff Thedy, más que nada porque en todas las páginas web que he mirado se hacen un lío tremendo de nombres y familiares, lógico son tres generaciones de payasos, así que no sé como se llama ese contraclown de peluquín giratorio que a mí personalmente me hace mucha gracia... Sí sé que el Augusto, el chiquitín que parece una mezcla de los ya nombrados Fofó y Harpo, es Jose María Aragón Hipkins que empezó llamándose Nabucodonosorcito, y aquí, por eso de la sonoridad extranjera, se llama Pepe

¡Disfruten de este clásico del payaseo tan bien ejecutado!

jueves, marzo 22, 2007

Chaplin, el borracho (Elogio alcohólico de Charlot)


Cuando digo Chaplin el borracho, no me refiero a las melopeas que se pegara Sir Charles Spencer, sino que hablo de las borracheras del personaje de Charlot. Tampoco me refiero a la alcoholémia que sufrió el padre de Chaplin, porque estas fueron unas borracheras trágicas que lo apartaron de su trabajo como actor, y tienen mucho más que ver con las trágicas borracheras de Calvero el payaso arruinado de Candilejas, que no es Charlot, aunque a veces lo parezca...
Chaplin empezó su carrera imitando a borrachos, esto hacía en las representaciones londinenses con la compañía de Fred Karno, lo mismo en Mumming Birds que en A night in a English music hall. En esas representaciones, Charley era el caballero bebido que llega tarde, molesta al público, a los actores, quiere estar en todos los números y tira naranjas a la cantante de ópera. Es a este cómico borracho al que va a contratar Mack Sennett, del que ni siquiera conoce el nombre: "Ese Chaffin o algo así", para hacer películas.
Y es que Charlot es el payaso que mejor ha simulado la borrachera en el cine; pero ¡ojo! cuando es el vagabundo el "mareado" resulta poco gracioso, es mucho más divertido si Charlot es un señoritingo borracho que un vagabundo, porque al señorito se le supone una lucha con su propia dignidad que resulta lo más gracioso de las comedias en las que aparece Charlot como este aristócrata o tipo de clase media recien salido de farra. Con este caracter Chaplin va a hacer dos verdaderas obras maestras Charlot a la una de la mañana y La Cura.
Porque es cuando Charlot está borracho, cuando más libre, lúcido y anarquista es... Es entonces cuando un llanto se puede convertir en un hombre haciendo un cock-tail, cuando la alfombra de tigre de la habitación nos puede comer, cuando para liberarnos de nuestros enemigos podemos hacer cinco o seis poses de gimnasia y podemos estar toda la noche haciendo cola detrás de la estatua de un teatro... Es cuando mejor nos cae, porque Chaplin, el autor, consigue liberar de esa esclavitud que a veces infringía a Charlot, que es que su criatura tenía que caerle bien a todo el mundo siempre.

Y Charlot, en estas películas, es tan libre que contagia su libertad, y cuando en la Cura, se le cae la botella de licor en la fuente del balneario y consigue que todas las viejas se abracen y rían, y que los doctos ancianos se duerman por las esquinas, se está adelantando al Guateque y a Desmadre a la Americana y a todas las comedias libertarias que en el mundo han sido y convierte la risa en parte de esa libertad. En una película, por cierto, en la que Chaplin se tapa la nariz para beber agua.

jueves, marzo 15, 2007

Y ahora unos minutos de publicidad

"No hace falta ser judío para que te guste Levy"
Publicidad, supongo que de la década de los sesenta, con Buster Keaton que, como casi todos sabían, era de origen irlandés.

jueves, febrero 15, 2007

La gabardina de Harpo

Esta es una escena de la película Amor en conserva.
De entre las muchas cosas que los dos matones sacan de la gabardina de Harpo me gustaría destacar el bloque de hielo, que debía estar conservándose en el bolsillo desde que los Hermanos Marx hicieran Plumas de caballo, donde él y Chico se dedicaban a repartir hielo a domicilio; el trineo que, seguramente, Harpo le robó al Charles Foster Kane de Orson Welles antes que fuera pasto de las llamas; y el buzón que lleva el nombre y la dirección de "Moss Kauffman" referencia a dos de los mejores escritores de argumentos y gags que tuvieron los Marx, George S. Kauffman y Moss Hart.
Seguramente los guionistas de la película pensaron que sería muy gracioso ver como a Harpo lo cacheaban, mientras de su bolsillo van saliendo las cosas más extrañas y peregrinas, y, en primer lugar parece buena idea... pero hay un problema ¿Qué pasa cuando el abrigo de Harpo no puede dar nada más?
A pesar del esfuerzo y del montaje, hacía más gracia cuando del abrigo de Harpo podía salir cualquier cosa, como una taza de café, o un soplete, o una carpa recien pescada, porque uno se preguntaba qué más podría llevar en su gabardina. Resuelto el misterio, vacío el abrigo ¿Qué queda? ¿La tristeza? ¿La desesperanza? Yo creo que lo que queda son las viejas películas de los Hermanos Marx

martes, febrero 13, 2007

Uuuuuuuuuuuuuuh!

José Andreu, alias Charlie Rivel, es uno de los payasos más famosos de la historia.
Aquí tenéis una de sus rutinas, me ha llamado la atención muchas cosas de ella, su famoso aullido, que yo me imaginaba como el de un animal y que se parece más a un llanto de niño, como queriendo decir: "mira, mira lo que me ha pasao", la capacidad que tiene para cambiar los ritmos sin cambiar su energía, su mismo payaso que parece una mezcla entre vejete y niño de tres años y sobretodo que aunque parezca muy simple, la gracia del buen clown no está en lo que hace, sino en cómo lo hace. En fin, una maravilla de un maestro vaya.
Espero que os guste, yo me reí bastante viéndola la primera vez...

lunes, octubre 23, 2006

Oliver Hardy, mirando desde el pasillo

"Cuando era un niño, empecé un hábito que hoy todavía tengo. Mirar desde el pasillo. Me siento en el fondo del pasillo y miro a la gente. Siempre me ha gustado hacerlo. De vez en cuando el público me pregunta de dónde hemos sacado Stan y yo los personajes que hacemos en nuestras películas, piensan, que esos dos tipos no son como los demás; pero hay un montón de Laureles y Hardys en el mundo. Donde quiera que viaje, aún mantengo el hábito de sentarme en el pasillo y observar a la gente que pasa cerca de mi... Y, tengo que decírtelo, veo muchos Laurels y Hardys. Ya los veía en el hotel de mi madre cuando era un mocoso, el individuo tonto, tonto que nunca espera que le pueda ocurrir nada malo y su compañero listo, listo, que es más tonto aún que el tonto, sólo que no lo sabe"

Oliver Hardy fue un hombre modesto, tranquilo y sin demasiadas ambiciónes. Mientras su compañero Stan Laurel se metía en la sala de montaje, contralando aspectos de la dirección y la producción, Oliver prefería pasar una buena tarde jugando al golf con sus amigos. Sin embargo, antes que un mero comparsa, Oliver fue siempre un payaso capaz de darle a las actuaciones el matiz más personal, el sello más inclasificable: la mirada a cámara, la sonrisita y el saludito vergonzoso, el movimiento de corbata con el que expresaba su sensibilidad vulnerable, son cosas que no se aprenden ni se encuentran en un guión, son puros destellos de un gran actor que se había formado dandole el pie a muchos otros cómicos delante de una cámara.
El gran acierto de Laurel y Hardy es presentarnos a dos tontos, que podrían ser todos los tontos, que de hecho, podríamos ser nosotros mismos, y en eso hay mucho de observación de costumbres, Hardy, quizás sin pensarlo demasiado, descubrió, que la comedia tiene el método científico de la observación, pues nadie se ríe de lo que le es completamente ajeno.
"Fuera de lo humano no hay nada cómico" dijo Henry Bergson, autor del Tratado sobre la Risa. Y nadie es más humano que Stanley y Ollie, nos sentimos tan identificados con la vulnerabilidad del Flaco como con las ansias de ser aceptado del Gordo. Tienen nuestras mismas preocupaciones y asumen nuestro ridículo para que nosotros nos podamos reir de él.
Y por eso son dos grandes, claro.

lunes, agosto 07, 2006

Miserable y divertido.


Para completar un poco el artículo anterior, hoy vamos a hablar del payaso mendigo...

Este tipo de payaso llamado originalmente Tramp o Hobbo es una versión del Augusto, simplemente, es como si el Payaso Tonto de toda la vida estuviera pasando una mala racha, se vistiera de harapos y viviera en crisis perpetua. Es normal que en esta situación se vuelva más pícaro que el original, una picardía no exenta de su forma de pensar absurda y particular de este tipo de payaso. Normalmente, vivirá su vida al día, de forma optimista, pero también siendo consciente de que es el ejemplo, desde el humor y la risa, de millones de personas que lo pasan mal.


Podemos encontrar raices de este payaso en muchas tradiciones europeas como la Commedia dell Arte (de la que hablaremos más adelante) Personajes de estas comedias como el Zanni, el Arlequín o Polichinela son ejemplos de tatarabuelos del Hobbo.


Muchos payasos del music hall inglés, también crearon retratos de los personajes más pobres de Londres, y es de ahí de donde Chaplin va a sacar el ejemplo para luego crear su propia versión del Tramp; Charlot.


Sin embargo, su versión más moderna es la Americana, en 1929 después del crack de la Bolsa que llevó a muchísima gente a la ruina y al país a una ola de pobreza que hizo que como dijera Groucho Marx "las palomas dieran de comer a las personas en los parques", es cuando aparecieron las primeras caracterizaciones modernas de este payaso (Fijaos en la foto) Los harapos, el sombrero característico y las botas gastadas van a ser una constante, el maquillaje gris hace referencia a barbas sin afeitar pero también a la grasa y al hollín con el que se manchaban la cara los vagabundos que viajaban en la parte baja de los trenes.


Los payasos vagabundos más famosos, fueron, casi todos, visuales y mimícos. Otto Griebling, tenía números en los que los gags se estiraban durante toda la actuación, por ejemplo, empezaba llevando una barra de hielo que se iba haciendo cada vez que salía más pequeña, hasta acabar en un mísero cubito de hielo. Emmett Kelly, que es el que sale en la foto, tenía un número muy famoso en el que partía un cacahuete usando un martillo gigante.


¿Payasos vagabundos en el cine? Pues ya hemos nombrado al más famoso... Charles Chaplin, y luego, Cantinflas, Harpo Marx, Stan Laurel en sus comienzos sin y con Oliver Hardy, y, en algunas películas, Keaton y Lloyd asumen también este personaje dentro del clown.


Si Carpanta estuviera hecho de carne en vez de tinta, hubiera sido un excelente Hobbo.


¿Por qué tiene este clown de personaje tanto carisma? Eso está claro, un payaso mendigo, nos habla de las cosas que van mal en el mundo, del hambre, la misería, pero se comporta con dignidad, extraña elegancia y humanidad. Nos habla también del optimismo, de esa chispa de alegría que nunca va a faltarle al ser humano por malos que sean los momentos, recordándonos que siempre habrá botas que cocer, cacahuetes que martillear, sueños que alcanzar.

miércoles, julio 26, 2006

¿Qué payaso soy doctor?

Fue el otro día mientras ensayaba "Tots podem estimarnos" con los chicos de Nebel Clown, cuando se me prendió una de esas chispas de ingenio que no suelen prenderse en mí muy a menudo.

- Cada clown en escena representa una época determinada de la vida de las personas, así, hay uno que es la edad adulta, otro sería la adolescencia y otro figura ser la niñez...

Y después de pensar eso me quedé más ancho que largo.

Sin embargo, creo que tiene algo de verdad, al menos a mí me ha servido para explicar los tres tipos importantes de clown que hay, y que paso a describir a continuación... Para hacerlo más fácil dejaré caer el nombre de un Hermano Marx, después de cada tipo, para que todo el mundo lo entienda con un ejemplo bastante conocido.

Clases de Clown
Carablanca: Es el payaso que domina, el líder de los otros dos, es el que da las ordenes e intenta negociar con el resto para que hagan lo que él quiere (normalmente para acabar llegando al desastre) Es además el más verbal de los payasos y el puente entre los otros dos y el público. A mí no me gusta la expresión payaso serio, para describir a este tipo de payaso, prefiero la de payaso listo, porque de eso se trata, de un listillo muy seguro de sí mismo. Muchas veces, asume roles de relevancia que desempeña con lógica ilógica de clown, por ejemplo: Presidente, Jefe de Bomberos, Sargento, Profesor. Es pues, la perfecta caricatura de las pretensiones del mundo adulto.
Estoy seguro de que él no formaría parte de un grupo de clowns que lo tomaran como miembro, pero por lo pronto tendrá que fastidiarse y diremos que aquí se queda el gran Groucho.


Contraclown: Es el payaso adolescente, no es lo suficiente capaz para ser un Carablanca, ni posee la inocencia ilimitada del Augusto. Intenta caerle bien a los dos extremos y es el compañero de cada uno de ellos, normalmente será más negociador con el Carablanca y más dominante con el Augusto, aunque la relación con este último se parecerá más a la de los niños que quieren pelearse por ver quién es el jefe.
A este grupo pertenece "monsignor Ravelli" alias, Chico.

Augusto: Es el niño, al que hay que explicarle varias veces las cosas. El que si tiene que guardar un secreto lo grita, el que dice que sí cuando tiene que decir que no, el que si le dicen "siéntate en la silla" acaba haciendo el pino puente. Es el que tiene un mundo más interno, tanto, que muchas veces se expresa en pantomima. Es el torpe, el que no sabe las cosas, aunque, a veces, tiene una concepción de la vida que deja sin palabras a los que van con él. Trata a los objetos de una forma rarísima, muchas veces como seres con vida, y tiene conflictos incluso con su propio cuerpo.
¿Hace falta que lo diga? Éste no es otro que Harpo.

Si creéis que me he olvidado de Zeppo estáis apañados, Zeppo era una persona normal, nunca fue un clown dentro del grupo de los Marx, por eso no hubo trauma cuando lo dejó.

Por cierto, para terminar, decir que "el payaso serio" es un tipo de Carablanca, lo que Craig Gustaffson llama el Ringmaster, en su Jerarquía del payaso ,no tiene que ver con el "payaso listo" porque el Serio lo que representa es la pedantería, la autoridad suprema, el tipo al que el clown en todas sus formas quiere combatir. El que si quiere parar una pelea, acaba manchado de pasteles, el que si canta un himno acaba bombardeado de fruta. Lo habéis adivinado, esa es la buena de Maggie Dumont.
¿Y qué tipo de payaso soy yo? Bueno, creo que durante muuuuuuuuuuuuucho tiempo he sido un listillo Carablanca, hablador y burlón, en la obra que he nombrado arriba, en cambio, hago mi propia versión del Augusto, como un bebé Cupido infantil y despistado, y la verdad es que he disfrutado mucho con el cambio (Creo que cualquier clown debería ir buscando entre los tipos más clásicos el suyo propio, probando sin impacientarse, como hizo Stan Laurel, que probó todos los tipos hasta que se asoció con el señor Hardy y se convirtió en un Augusto, pero esa, es sólo mi opinión claro)

viernes, abril 14, 2006

Un aperitivo del Gordo y el Flaco

Si tuviera que explicarle a alguien mediante ejemplos qué es un payaso y por qué, no hay duda, echaría mano de estos dos caballeros de aquí al lado, el señor Laurel (el Flaco) y el señor Hardy (el Gordo)...
Su forma anticonvencional de actuar, sus miradas a cámara rompiendo la cuarta pared, el ser ellos mismos siempre, de una forma completamente natural, y siempre con su sensibilidad a flor de piel es lo que les une a los clown clásicos del circo y de la escena.

Aquí, en este blog voy a hablar mucho del Gordo y el Flaco, porque los adoro, y siguen siendo mi punto de referencia a la hora de actuar. Quizás no fueran tan sutiles como Keaton, o tan socialmente comprometidos como Chaplin, pero cuando dos tipos son capaces de llegar al corazón de tanta gente durante tanto tiempo, convirtiéndose en sus amigos de una forma extraña e intangible, esos, creo yo, se llaman genios o estrellas, o algo que uno no sabe explicar de forma clara, sin volverse cursi o demasiado solemne (y, solemne, era todo lo contrario a lo que eran ellos)

Laurel y Hardy no inventaron el cine cómico, pero sí que le regalaron algo que antes no tenía, el tomarse su tiempo para hacer las cosas, la espera, todo calculado matemáticamente para que todos en el público sepan lo que va a ocurrir y para que cuando ocurra estallen las risas. Su filosofía podría explicarse con esta máxima: " Si has fracasado en algo, vuelve a repetirlo para que así puedas volver a fracasar" La repetición es algo que siempre ha estado en el clown, y en ellos se vuelve acto de fé, tal como explica Mark Evanier, cuando el señor Hardy sube a un tejado todos en el público sabemos que va a terminar cayendo, sospechamos que, incluso, el señor Laurel, con su mirada de niño tonto, era consciente de que iba a pasar lo inevitable, lo importante es que el señor Hardy no tuviera ni idea de esta posibilidad, y que cuando caiga mirara al público con cara de resignación para volver a subir una vez más.

Para terminar este aperitivo, quisiera acabar con una de mis frases preferidas de la historia del cine, pronunciada por ese gran filósofo que fue Stanley Laurel:

"¿Te acuerdas de lo tonto que era antes?Ahora estoy mejor"

A eso aspira uno, a ser un tonto lo suficientemente lúcido para saber que al menos algún día fue un tonto.

Y ahora, subamos todos al tejado...